El medio blog

Un medio dedicado a los medios.

Tuesday, October 02, 2007

Lo leí entero, Presidenta
Por Alfredo Sepúlveda


La Presidenta Bachelet y los medios y corresponsales extranjeros no han tenido una relación fácil. El Medio Blog reportaba en agosto de 2006 la partida en falso de la relación entre la Presidenta y los corresponsales, que poco antes se habían quejado con Lagos Weber y Juan Carvajal del “hermetismo de la presidenta” y de “las exigencias de mandar previamente los cuestionarios de las entrevistas”. Ahora tenemos un pequeño nuevo episodio de tirantez a causa de la nota que realizó la corresponsal del Financial Times Jude Webber. “En un país que ha sido lento para empoderar a las mujeres, Michelle Bachelet llegó al poder sobre una plataforma de justicia social y paridad de género. Pero tras 18 meses, ¿es la primera mujer presidente de Chile un pato cojo?”

El artículo, periodismo inglés, equilibrado pero no por eso complaciente, duro y elegante al mismo tiempo, ha erizado la delgada piel de la Concertación. En rigor, no responde a la pregunta, aunque al contar toda la larga historia de Transantiago y otros problemas que ha tenido el gobierno, da a enteder que sí. “Ahora, después del Transantiago, y con problemas económicos y sociales en escalada, {la Presidenta} luce wrong-footed”. El término “wrong-footed” no tiene que ver con lame duck o pato cojo: hace referencia a cuando un rival deportivo pierde el equilibrio, o cuando a uno lo sorprenden. “Bachelet”, sigue el artículo, “no es el único líder que ha tropezado durante sus primeros años en el poder, pero como la primera mujer presidente en un país donde solo un tercio de las mujeres tiene empleo, su destino ha tomado una magnitud operática”.

Los niveles de la respuesta a este tipo de afirmaciones han rayado lo ridículo: el vocero de la Concertación y presidente del Partido Radical, José Antonio Gómez, considera que es “una forma equívoca de tratar a la Presidenta de la República”, y Camilo Escalona sostiene que lo publicado “ es traspasar una realidad que es la realidad de Estados Unidos a la realidad chilena que es completamente distinta” (¿?).

La reacción desde La Moneda ha estado un poco más arriba que lo anteriormente descrito, pero dista mucho de ser una respuesta normal para un gobierno democrático que conozca el juego de la prensa: no responder. La Presidenta llamó a leer el artículo “enterito” y Lagos Weber apuntó que el artículo no dice que estemos ante un gobierno “pato cojo”, sino que se pregunta si éste no es uno (lo que es cierto, pero no veo que haya diferencia entre una cosa y otra…).

Como sea, le hice caso a la Presidenta y leí el artículo entero. No hay mucha novedad para quienes siguen regularmente la prensa chilena –la nota es para los lectores internacionales, y allí está la lata para el gobierno. Pero cuando uno va al buscador del Financial Times descubre que ésta no es la única nota que Webber ha escrito sobre la Presidenta. Hay otra, con el mismo título, fechada el 19 de septiembre –me imagino que solo para la web– en que se reproduce, sin el insoportable tono de “exclusiva” que por estos lados reviste toda aparición presidencial en la prensa, una entrevista a la mandataria que concluye con una hermética frase:
Sus mea culpas públicos {los de Bachelet}, mejoras parciales {en Transantiago} durante los últimos meses y el objetivo del gobierno de tener un servicio “decente” para diciembre tienen aún que calmar a los indignados usuarios.
-Después de Transantiago, nada me sorprende –dice ella.

¿Qué diablos significó eso? ¿Qué nada puede ser peor que Transantiago? ¿Qué no se sorprendería de una metida de patas peor que Transantiago? ¿Qué está rodeada de mentecatos, y por lo tanto ya nada la sorprende? En fin. Yo tengo la impresión de que aparte de no gustarle el poder –como lo cuenta Marta Lagos en el artículo que desató las iras de la Concertación– a la Presidenta no le gusta tampoco la prensa. O al menos le incomoda mucho.

10 Comments:

Blogger la pé said...

El lenguaje, mejor dicho, la comunicación, da para muchas malas (o buenas) interpretaciones, dependiendo a quién le convenga cada una de ellas.

No entiendo por qué el alboroto y tanto análisis, si cada uno va a entender lo que quiere entender. Como pasa en todas las cosas.

Por ejemplo, podría agregar un comentario sobre el texto, pero me quedo con lo que yo quiero entender y que creo es el fondo más irritante: aún los santiaguinos piensan que el Transantiago es la peor catástrofe de Chile, siendo que sólo les toca a ellos.


En todo caso, vivo en Santiago, no tengo auto y a veces tengo problemas para trasladarme, pero lo asumo y hago lo posible por que no me afecten, porque la ciudad, las micros, las calles no son los culpables: es la misma gente que reclama para enfocar su rabia en un asunto ajeno y así poder liberarse. Ya vemos que no funciona no?

Hay demasiada gente (incluidos santiaguinos, y de otras partes) que viven en Santiago, que está chato de lo pegada que es la gente con los temas malos. Incluida yo. Así que ojalá se dieran cuenta, nos diéramos cuenta, que hacer algo como ciudadanos, es de verdad "hacerlo" y no quejarse hasta la gastritis y llamar a protestas. Pero tampoco esperemos un gran cambio, las cosas se hacen paso a paso. No hay que subestimar el poder que cada uno tiene, de cambiar su entorno.

6:18 PM  
Blogger cosascaras said...

Pienso que los asesores comunicacionales de la Presidenta son los creativos de la campaña de Lavín

10:21 PM  
Blogger Julio said...

Creo que el episodio FT nos muestra clarito nuestro complejo de inferioridad nacional.

Chile está ansioso no de hacer las cosas bien, sino de ser reconocido internacionalmente. Es el afán de legitimar todo por el V°B° sea del PNUD, de la prensa económica, de organismos internacionales o de Amnesty International.

FT hizo un análisis crítico de la presidencia, como muchas que se hacen todos los días: pero como la hizo FT, el tema copó la agenda.

Me recuerda el round Lagos Vs Molano, cuando un analista del Chile (o a lo más Latinoamerica) Desk de un Banco de Inversión en USA (calculen su relevancia dentro de la cadena alimenticia del mismo Banco) hizo comentarios críticos de Lagos: se volvió actor político de cierta relevancia.

9:52 AM  
Blogger Villalobos said...

Con todo el respeto que me pueda merecer su investidura, tengo que decir que la presidenta Bachelet debe tener uno de los peores manejos comunicacionales en la historia de la Concertación.
Si yo fuera asesor suyo, temblaría cada vez que le hacen una pregunta.

¿Se acuerdan cuando casi se puso a llorar porque Jocelyn-Holt (el buenazo de Jocelyn-Holt) le tiró una pregunta mala onda que cualquier liceano debió haber parado de pecho?

No me sorprende que no le sorprenda. Ni me sorprende que suelte una frase tan desafortunada en una entrevista oficial.

Después de todo, esta es la presidenta que se atrevió a decir en público que no le tincaba el Transantiago, pero lo dejó pasar igual: "Oh, mi instinto arácnido me alerta que esto será un cacho. Pero hay tantos números en esa pizarra y esos gráficos son tan bonitos. Y hoy empieza esa liquidación en el Alto Las Condes. A lo mejor encuentro algo para el verano. Estos zapatos me apretan. Velasco está más flaco. Y la Florita, que no me trajo el jugo que le pedí. La liquidación..¡ah, el Transantiago! Ya, firmemos".

11:27 AM  
Anonymous antonio arévalo said...

leo y propongo: antonio arévalo, roma

3 de Octubre de 2007


Bachelet en el Financial Times

por Jorge Arrate

La revista Punto Final analizó hace algunas semanas el "asesinato de imagen" de la Presidenta Bachelet. Pero han sido demasiado pocas las voces que han denunciado claramente la intencionalidad de noticias y comentarios que apuntan, desde el inicio de su gobierno y ya antes, durante la campaña, a disminuir a Bachelet.

Machismo, dicen algunas, y también algunos, y no cabe duda que tienen razón. Chile es un país de contradicciones llamativas. Una es que la cultura nacional está aún impregnada de un grado alto de machismo y que, a pesar de ello, los chilenos elegimos una mujer como Presidenta. Se trata de un hecho histórico, de gran trascendencia en el largo plazo. Sin embargo, no significa la superación de una forma de pensar que no reconoce plenamente la igualdad social y cultural de la mujer.

Pero no es sólo eso. Tras la campaña contra Bachelet están los grandes intereses económicos que se benefician del modelo vigente e impiden que los frutos del crecimiento se distribuyan con justicia. En estos días se han levantado contra una eventual reforma que reconozca a los trabajadores los derechos laborales básicos. Hace unos meses lo hicieron ante la eventualidad que la educación dejara de ser un espacio abierto al lucro.

Si alguna duda había sobre la existencia del diseño contra Bachelet, la lectura del Financial Times del domingo pasado y su "traducción" chilena es la mejor prueba.

Estoy en Estados Unidos y sigo la prensa de acá y de allá diariamente. La semana pasada tuve la percepción que las intervenciones de Bachelet durante su viaje a Nueva York no recibían en la prensa de Chile un tratamiento afinado. Su intervención en Columbia tenía contenidos de interés que se omitían, su discurso en el lanzamiento de la Fundación Gabriela Mistral, breve pero importante, también. El texto que leyó en la comida organizada por el Foreign Policy Association y el National Endowment for Democracy, si bien relevó -a mi juicio con énfasis exagerados- los éxitos de la transición chilena, reconoció también sus falencias. Y, cuando debió responder espinudas preguntas, Bachelet no cayó en la trampa de distanciarse dócilmente de Chávez y reconoció el derecho de los trabajadores a movilizarse en defensa de sus legítimos intereses.

El Financial Times digital permite leer dos textos sobre Bachelet, uno que ha sido mal utilizado en su contra, según acaba de señalar la propia corresponsal del diario inglés a Radio Cooperativa. El otro texto, ignorado en Chile, publicado el mismo día, es escrito por la editora del Financial Times en Estados Unidos, Christya Freeland. Es una columna llamada " Jugando según las reglas de los muchachos" ("Playing by the boys rules"). Se refiere a la intervención de Bachelet en Columbia University, donde la Presidenta dice: "Si un hombre toma una decisión, él es un hombre de carácter que ha adoptado una resolución. Y si no toma una decision, él es un hombre sabio... Si una mujer no la toma, ella es incapaz de adoptar una decisión. No es sabia. Y si la toma, alguien la convenció de tomarla". Freeland contrasta esta postura con la de la era "post feminista" en Estados Unidos, donde las banderas que levantaron las madres de las mujeres adultas de hoy han sido dejadas de lado para poner más énfasis en el "derecho a optar" como elemento central. Su conclusión es que Bachelet, con su discurso más clásico, pareciera tener razón. Freeland cita conversaciones con mujeres ejecutivas de Wall Street que, desde el anonimato, admiten que son objeto de discriminación. Como en Chile, según el otro texto, el de Jude Webber, quien señala que las mujeres universitarias chilenas ganan sólo el 61% de lo que gana un hombre que realiza el mismo trabajo.

La pobrísima y sesgada síntesis del artículo de Webber y la ignorancia del de Freeland, conforman una paradoja: el principal diario de negocios del mundo releva en estas dos publicaciones cómo la dimensión de género impacta a Bachelet y en Chile esos contenidos se usan para castigarla… machistamente.

Machismo, intereses económicos que se sienten amenazados. Sin duda, una campaña. Pero no sólo. El incidente muestra una vez más las falencias del sistema de medios de comunicación que existe en Chile.

En este ámbito hemos sido negligentes, a lo mejor cómplices, en los gobiernos de Concertación. Cuando se realizó algún intento por buscar correcciones, como por ejemplo establecer criterios de distribución justa de la publicidad estatal que permitieran fortalecer el pluralismo regional y político de los medios, la iniciativa se entrampó por razones que desconozco.

El gobierno de Bachelet no ha abordado la materia, no obstante que fue planteada en su campaña. Uno de sus errores es persistir en esta área en la política de no hacer nada que, entre otras cosas, heredó de sus antecesores.

__________

(*) Jorge Arrate fue Presidente del Partido Socialista de Chile.

11:50 AM  
Blogger Villalobos said...

Demonios, parece decir Arrate. Estos malditos medios de comunicación tienen la desfachatez de llevarnos la contra. Gringos de miéchica. No van con la línea del gobierno ¿qué se han creído?

Que alguien lo comunique con gente como Ambrosio Rodríguez y esos boys, quienes sí supieron cómo había que evitar estas vergüenzas públicas de periodistas pelando al gobierno. Habrase visto...

2:43 PM  
Blogger Glock said...

¿Estás seguro de haber leído entero el artículo, Alfredo? Porque sí califica a Bachelet como "lame-duck president"...

5:25 PM  
Blogger Alfredo Sepúlveda said...

Chileans are not impressed.
No, no lo hace:
Bachelet, once a ground-breaker, now finds herself described as a lame-duck president with nearly two thirds of her term left to run.

Es diferente a decir "Bachelet is a lame-duck President". Dice que otros la han descrito. "Se encuentra descrita como", pero queda muy tosca la traducción textual.

8:04 PM  
Blogger Manuel Martínez said...

Para mí, lo que realmente fue mala leche no fue el artículo, sino la interpretación de éste que hizo El Mercurio, porque sacó la parte que le interesaba a ellos y no mostró las partes "no tan malas". Es como si hicieran uno con Alexis Sánchez y dijera "Clarín critica duramente a Sánchez" y muestren los párrafos malos y no cuenten los buenos del partido. Pero bueno, es la suma de "El Mercurio miente" + "Cuando no miente, tergiversa" + El estilo Zegers (hacer escándalo por algo que no lo es tanto).

1:28 PM  
Anonymous antonio arévalo said...

Leo y les propongo:

Domingo 7 de octubre de 2007

Por Mirko Macari / La Nación Domingo
Marta Lagos, experta en opinión pública, analiza la era Bachelet

“La encuesta de Méndez es un instrumento de la derecha”
La analista arremete contra el profesionalismo de los sondeos políticos, dice que el problema de Bachelet es la resistencia que genera entre las elites y asegura que la Presidenta no dudará en acelerar la democratización de Chile, aunque eso signifique la derrota de la Concertación en 2009.

Si no es por la banda del Tata y sus secuaces que se fueron a la cana, robándose las cámaras, ésta habría sido otra semana en que el cuchicheo de la clase política hubiese girado en torno al liderazgo de la Presidenta. La última encuesta Adimark, que sitúa el apoyo a Bachelet apenas en el 35%, encendió una luz amarilla en el oficialismo.

Pero Marta Lagos, directora de Mori y antigua auscultadora de la opinión pública, se anticipa a cualquier pregunta sobre el punto y salta de inmediato al asunto de fondo: "Bachelet es una mujer que no cumple con los ritos de una elite tradicional. Hay una falta de racionalidad en pensar que una persona tan distinta podía seguir el mismo patrón y es ahí donde está el corazón de las diferencias".

- Usted fue de las que habló con el "Financial Times". ¿Qué les dijo de Bachelet?
- Que creo que Bachelet va a ser un ente democratizador de este país a un punto que no estamos dispuestos a aceptar. Ella bajó del pedestal a la institución de la Presidencia de la República, y la puso en la vereda, y eso es lo que la elite no acepta. Es una Presidenta que está al nivel de la gente, que comete los errores de la gente, que habla, según la elite, más de lo que corresponde a un Presidente. Después de ella nunca más vamos a volver a un Presidente como Ricardo Lagos, que está en una torre de marfil, por allá arriba, que es una especie de yo todopoderoso.

-¿Nunca más un Luis XIV?
-¿Qué es lo que hace ella al bajar, al chacrear la Presidencia? Es acercar la política a la gente. Le está diciendo al pueblo "saben qué más, esta cosa no es como ustedes creen, no tengo todo el poder que se cree que tengo. Tengo que pasar por el Parlamento, que me dice que no. Tengo a los partidos políticos que me dicen que no, tengo a la oposición que me dice que no. Esto no me resulta porque tengo que tener el beneplácito de todos estos señores".

-En ese sentido, el sistema es efectivamente más república y menos monarquía.
-Hay una democratización del poder. Que a la gente no le guste es otro punto, pero esa es la realidad bestial de la política.

-¿No le gusta a la gente o no le gusta a la elite?
-Creo que no le gusta a la elite y hay mucha gente a la que tampoco le gusta. Esta es una sociedad que se resiste mucho al cambio y ese cambio inseguriza, porque el señor Presidente que hace todo bien es un seguro.

-¿Un Presidente que es un igual y no un padre implica la mayoría de edad de un país?
-Exacto, el Presidente es un igual. La política se ha desprivilegiado. El otro día le sacaron una foto a Angela Merkel en el supermercado comprando arroz. Salió en toda la prensa alemana esta mujer que va a comprar su propio arroz y tuvo un impacto positivo enorme. Si la Michelle Bachelet va mañana a comprar arroz, dirían que está haciendo algo que no le corresponde. Criticamos a la Presidenta porque es demasiado democrática para lo que a Chile le gustaría que fuese un Presidente. Creo que Michelle Bachelet, a costa de sí misma, va a democratizar este país mucho más de lo que la gente quiere que se democratice. La democratización significa la dispersión del poder y ella está dispersándolo, incluso a costa suya.

-¿Dice usted algo así como que se estaría inmolando?
-Como dijo Maquiavelo, el reformador siempre se queda solo porque nadie entiende el sentido de la reforma. Mucha gente me dice "eres muy oficialista". Yo no soy oficialista, tampoco soy bacheletista, miro el proceso de dispersión del poder. Salga a la calle y trate de hacer algo con un chileno que sea incorrecto, ¿qué le va a suceder? El tipo va a alegar y se va a defender. Se defiende y alega hoy diez veces más que lo que lo hacía hace tres años. ¿Por qué? De repente se dio cuenta quién era él. De repente le dieron poder a las personas, a todas las personas que están en la cola del Transantiago. El Transantiago ha democratizado brutalmente este país.

-La micro se ha transformado en una tribuna de discusión obligada.
-Exactamente. Ahora todo el mundo alega, es políticamente correcto alegar.

-El chileno de a pie demanda más poder, pero otra cosa es que se lo den.
-¿Te das cuenta lo que significa que 900 personas demanden al Estado? Es una cuestión muy potente desde el punto de vista de formación de identidad y ciudadanía. Hace tres años, ¿quién estaba dispuesto a juntarse con un señor desconocido y hacerle una demanda?

-Eso es propio de la cultura de los países desarrollados.
-Por supuesto. Eso es tremendamente desarrollado, eso es ciudadanía. Cuando me dicen "mira, este Gobierno lo está haciendo mal", yo no sé para quién está mal.

-Para sí mismo, al parecer.
-Para sí mismo lo está haciendo pésimo, porque a ella no le interesa el futuro político, no le interesa lo que pase después del año 2010. Está usando el poder que tiene, su envestidura, para democratizar, y en el camino se está quedando sola, citando de nuevo a Maquiavelo. Cuando me dicen "es una mala Presidenta", digo "perdón, ¿mala Presidenta para quién? ¿Para la Concertación?". A lo mejor sí, a lo mejor la consecuencia de esto es que la Concertación pierda el poder. El proyecto de poder de la Concertación está perdido, pero el proyecto democratizador de la Concertación no está perdido.

-Es una paradoja maravillosa.
-Es una paradoja absolutamente fascinante para analizar, porque corren por sendas paralelas y no conjuntas. Ella tiene la meta de democratizar, y si para eso es necesario perder el poder, se pierde. A mí no me cabe la menor duda que Bachelet está dispuesta a sacrificar a la Concertación completa con tal de democratizar este país. Pero de ahí a que la Concertación la pare, es otra cosa.

-Sergio Bitar arroja un dato clave: la Presidenta está triste.
-Creo que nunca soñó que el costo iba a ser tan alto. Yo conversaba con un asesor del Presidente Tabaré Vázquez, que es el triunfo de la izquierda después de 70 años en Uruguay, y él me decía: "Vos no sabés lo difícil que es mandar los carabineros a la calle a reprimir a los amigos con los que uno estaba en la calle antes de ayer".

El control de la agenda

-La encuesta de Adimark enfrenta a la Concertación justamente al fantasma de perder el poder.
-Yo no veo la merma en los votantes de la Concertación, mis datos no dicen eso. Lo que dicen es que aquí hay una tremenda desafección, porque, al contrario de lo que dice la oposición, la gente quiere más democratización y no menos. Es la elite la que no quiere que el país se democratice. Pero la gente lo que quiere es que se acaben los privilegios de los políticos, que todos tengan que rendir cuentas, que nadie se lleve la plata pa la casa. Y esa no es una demanda de derecha, es una demanda de izquierda. En la última encuesta que hicimos, un 40% de los chilenos dice que va a votar Concertación.

-¿Como voto duro?
-Duro: en el peor momento del Transantiago, sin campaña electoral, sin candidato, sin nada, hay un 40% que dice va a votar Concertación. No votar por un señor A, yo no pregunto por señores. Pregunto ¿vota Concertación o vota oposición? Podrían haber dicho no voto por ninguno.

-En ese contexto, ¿cómo debe leerse la encuesta de Adimark?
-Creo que la encuesta de Méndez es un instrumento político de la derecha. Roberto Méndez no ha comprobado si su instrumento mide o representa la posición política de los chilenos, porque no ha medido si esa encuesta es capaz de predecir una elección presidencial. No tenemos la más remota idea, y eso es lo que nadie ha querido publicar, porque este señor, en 1999 y en 2005, no midió ninguna de las cuatro vueltas electorales. Empezó a hacer encuestas después de que terminó la elección. Él tiene un instrumento telefónico que demora un mes en aplicarse y al que, como encuesta electoral, no le he visto parangón en ninguna parte del mundo.

-Pero es una fotografía del momento.
-Momentito, ahí están muy equivocados. La CBS, el "New York Times", el "Financial Times", el "Times" de Londres o el "Telegraph" miden la aprobación de Gobierno con el mismo instrumento con que se predice la elección. Tengo que poder decir "aquí tengo un instrumento que está representando efectivamente la opinión política de la gente . Pero como aquí en Chile es chipe libre, cada uno hace lo que quiere.

-Perdón, ¿el señor Roberto Méndez va a medir con esa misma metodología cuánta gente va a votar en la elección presidencial?
-Puedo poner mis manos en el fuego por que no lo puede hacer. ¿Por qué? Porque ese instrumento no está diseñado para eso. Los números que aparecen ahí no necesariamente representan la opinión política de la gente. Él tiene un instrumento válido en la media que repite siempre lo mismo, pero puede estar siempre equivocado en el mismo sentido. No digo que voy a hacer una encuesta que diga lo contrario de lo que dice Méndez, sino que las municipales del año 2008 van a comprobar, fehacientemente, que la encuesta de Méndez no representa el capital político de la Concertación.

-Hay una contradicción entre la encuesta Adimark y la de "La Tercera" después del 18 de septiembre. ¿Todas están malas?
-Aquí no hay encuestas malas, hay encuestas que no son lo que deben ser. La encuesta de "El Mercurio" dice 50 estoy inventando los números , la de "La Tercera" dice 45, la de Méndez 40 y la del CERC 52. ¿Cómo es posible que no haya ningún artículo, en ningún diario, que agarre todos estos números y pregunte: oiga, señor, por qué estos números son tan distintos?

-Más allá de los números, todas las encuestas confirman una tendencia a la baja del Gobierno.
-La tendencia que mires es a la baja. El problema es que no sabemos, y me parece grave que los políticos no necesiten saberlo con certeza, cuál es el apoyo que tiene hoy la Presidenta.

-Méndez cree que es momento de que la Presidenta haga su cambio de gabinete. ¿También está equivocado en eso?
-Una de las cosas que ha cambiado con la Presidencia de Bachelet es esa idea de que son las caras del gabinete las que marcan la potencia del Gobierno. Pusieron a Cortázar y ¿qué ha pasado con el Transantiago? A lo mejor para la elite política es lo políticamente correcto, porque eso es lo que dice la tradición.

-Al menos hay una sensación de que entra aire, una tregua para tomar agüita.
-A Chile no le va a hacer ningún efecto que cambie el gabinete. ¿Qué es lo que quiere la gente? La gente quiere su pedazo de torta.

-La torta la reparte el ministro de Hacienda.
-El ministro de Hacienda tampoco puede hacer mucho. Los gobiernos de la Concertación, a mi modo de ver, han fracasado estrepitosamente en hacer cambios estructurales en esta sociedad. La sociedad evolucionó y se hizo rica, pero la Concertación no fue capaz de hacer un cambio estructural que permita la movilidad social. A Michelle Bachelet le están pasando la cuenta porque la Concertación no ha democratizado. El otro día, en una comida, el señor Paulmann decía "estoy muy preocupado porque la gente está pidiendo más, y resulta que tengo huelga aquí, tengo huelga allá". Le dije "ten cuidado porque esto es el inicio. Si no repartes la torta, y no entregas más beneficios o mejores condiciones de trabajo, la gente va a empezar a reclamar". ¿Por qué? Porque hay plata en todas partes: los autos son todos autos nuevos, la gente se viste a la moda, los aviones y los restaurantes están llenos. ¿Dónde está el indicador de que hay pobreza? En ninguna parte. ¿Un cambio de gabinete va a ser una diferencia? ¡Por favor!

-¿La percepción de crisis entonces es sólo una sensación mediático-política?
-Claramente no estamos en crisis, a Chile no le ha pasado nada. Todo esto es una burbuja que sucede en las ocho manzanas de Santiago, el Gobierno se asusta y la oposición aplaude. Chile tiene una tasa de crecimiento increíble, inflación controlada, el desempleo más bajo en muchos años, la gente tiene más ingresos que antes, pero todo el mundo descontento. ¿Sabe cómo se llama eso según una tipología que hicieron en Estados Unidos? Éxito frustrado. Chile es un país exitoso frustrado.

-La mayoría de los diagnósticos apuntan, al menos, a un problema comunicacional del Gobierno. A la falta de control de la agenda para que el titular no sea la encuesta Adimark, sino que la reforma previsional. ¿Existe ese déficit?
-Ése es un déficit brutal. O sea, el Gobierno no controla la agenda, pero si quiere controlarla tiene que empezar por una cuestión en la que nadie le ha puesto el cascabel al gato, que es quitarle el poder a "El Mercurio". Porque es un poder político, una institución, no un diario.

-Eso no va a pasar.
-¿Qué ha hecho la Concertación para quitarle el poder político a "El Mercurio"? Nada. Con "La Tercera" y "El Mercurio", este Gobierno no controla la agenda, ese es un hecho de la causa.

-La agenda de la elite, al menos.
-Evidente. Lagos era un maestro del control de la agenda. Si no lograba controlarla, bailaba con ella. Pero Lagos fue complaciente con la derecha y Michelle Bachelet no es complaciente con la derecha, y no creo que esté dispuesta a pagar ese precio. Mire usted el discurso de Lagos en los 100 años de "El Mercurio", mire los discursos de Lagos en el CEP. Hubo ahí una complicidad oculta, o al menos una complicidad implícita.

5:24 AM  

Post a Comment

<< Home

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.