El medio blog

Un medio dedicado a los medios.

Friday, June 15, 2007


Leila Guerriero:
Latin American Idol

Periodista de La Nación de Buenos Aires, editora para el cono sur de las revistas Gatopardo y Travesías, colaboradora en Rolling Stone, Malpensante y Paula y autora del muy recomendado libro Los suicidas del fin del mundo, Leila Guerriero es una persona muy respetada en Latinoamérica. La argentina tiene un estilo personal, de frases bien únicas y además es muy, pero muy rigurosa y matea tanto en su reporteo como en el uso de las palabras, por lo que realmente da gusto leerla.
Como además de ser una chica súper poderosa, no se cree ni escritora maldita ni es de esas aburridas periodistas sobreintelectualizadas, a Guerriero le gusta la buena vida y tiene mucho sentido del humor. Por eso, durante su última visita a Chile en mayo (invitada por la Facultad de Comunicaciones de la UC a exponer ante los editores de El Mercurio), los que la conocen se la pelearon todos y con suerte tuvo los desayunos libres. Ahora, para los que no han tenido el gusto, Óscar Contardo la entrevista para El Medio Blog.
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En la ciudad en la que nací el único periodista de carne y hueso que existió durante mucho tiempo era un tipo que debió tener más de treinta pero menos de cincuenta. Todos le decían “el colorín”, porque el color del pelo era lo único que lo distinguía de un auxiliar municipal o del lustrabotas de la plaza. Nadie retenía mucho tiempo su nombre o al menos nadie juzgaba necesario memorizarlo. El colorín hacía de todo en el diario del pueblo. Los incendios, los robos, los bautizos, las notas sociales y los crímenes pasionales. También sacaba la foto. Era él quien se encargaba de poner los decesos del día en la pizarra afuera del diario. El colorín era el reportero del aburrimiento perpetuo y mi primer modelo profesional.

Cuando leí Los suicidas del fin del mundo de Leila Guerriero me acordé de la plaza del pueblo, de los fines de semana y de lo difícil que es contar cómo es el aburrimiento y en qué consiste el hastío. También me acordé del colorín. Creo que nunca le hablé a Leila de él. Sólo le dije que Los suicidas... me habían gustado tanto que me dio pena terminarlo, algo que no me sucede con frecuencia. Luego hablamos de otra cosa que debió ser la cantidad de prostíbulos clandestinos que hay en Santiago. Con ella tenemos un diálogo trasandino periódico porque es mi editora en Gatopardo y porque la correspondencia electrónica con ella es un alivio y un placer. O un placer y un alivio.


Yo antes pensaba que Leila era un secreto bien guardado pero hace un mes, cuando vino a Chile invitada por El Mercurio (que es donde trabajo), me di cuenta que no. Al descubrirlo sentí lo mismo que cuando uno es niño y debe enfrentar que las cosas siguen funcionando aun cuando uno no esté presente o tenga los ojos cerrados. Leila Guerriero tiene más amigos en este país de los que tengo yo. Lo inquietante es que ella no para de sumar y yo no paro de restar. Aquí en Santiago, El Medio Blog Corporation me pidió que la entrevistara. Yo le pregunté si estaba segura y El Medio Blog Corporation me miró como mira cuando no quieren que la jodan más de lo necesario. Había un cuchillo cerca.

Como el tiempo fue escaso le mandé un cuestionario con todas esas cosas que nunca le pregunté porque no venían al caso. Este es el resultado.

-¿Alguna vez tuviste en la universidad una de esas asignaturas de comunicación alternativa que prometían un periodismo a escala humana, comunitario, con una visión del periodista a medio camino entre el apóstol y el asistente social?
-No, porque jamás estudié periodismo. Pero, aún si lo hubiera hecho, nadie me hubiera convencido de somos lo que no somos: la Cruz Roja, Médicos Sin Fronteras.

-¿Tú crees que el periodismo una opción académica o un oficio?
-Como la zapatería, la carpintería y la peluquería, el periodismo es un oficio, a veces casi igual de noble. Nadie enseña a escribir bien, a escuchar, a tener curiosidad y sentido común en la academia.

-¿Qué haces con los periodistas que se creen escritores?
-Nada. Yo no creo que ser escritor sea mejor que ser periodista. Hay buenos textos y malos textos y sólo cambia la materia prima: ficción o no ficción. No sé por qué un señor que se lo inventó todo merece más aplausos que otro que fue a ver para contar. La ficción está sobrevalorada.


-¿Cuál es tu revista favorita?
-La revista Fierro, una revista de historietas que dirigía el escritor argentino Juan Sasturain y que salió entre 1984 y 1992 en Buenos Aires. La revista Página/30 de los años 90. La revista Mad. Las revistas de historieta que publicaba una editorial argentina llamada Columba: El Tony, D´artagnan, Fantasía. La revista Skorpio que se publicaba en la Argentina en los años ´70. Totem y Metal Hurlant, que se publicaban.

-Crímenes, cárceles, guerrilla y narcotráfico: ¿es América Latina un continente para el periodismo de la miseria humana? ¿Cuánto de la visión folclórica de Latinoamérica que existe en Europa o Estados Unidos reproducimos nosotros mismos?
-En septiembre del año pasado, en Bogotá, la revista colombiana El Malpensante organizó una serie de mesas redondas durante un festival en el que se celebraron sus diez años de vida. Una de esas mesas llevaba por título “Las mentiras del periodismo latinoamericano” y allí leímos unos textos Alberto Salcedo Ramos, Julio Villanueva Chang y yo. Odio citarme, pero creo que parte de ese texto que escribí y leí responde tu pregunta. Acá va:
“(...) Hay un chiste más o menos viejo que pregunta cuál es la diferencia entre una hermosa mujer rubia desnuda y una hermosa mujer negra desnuda: la respuesta es que la rubia sale en Playboy y la negra sale en National Geographic.
Más allá del chiste, que es un resumen bastante exacto de un estado de cosas, nadie puede dudar que la crónica latinoamericana tiene oficio y músculo entrenado para contar lo freak, lo marginal, lo pobre, lo violento, lo asesino, lo suicida (yo misma podría poner una banderita arriba de cada uno de esos temas: a todos los he pasado por la pluma y a algunos, incluso, varias veces) pero en cambio tiene cierto déficit a la hora de contar historias que no rimen con catástrofe y tragedia. Puede ser que las buenas historias con final feliz no abunden y que contar historias de violencia dispare la adrenalina que todo periodista lleva dentro. Puede ser que sumergirnos en mundos marginados nos produzca más curiosidad que una realidad de acceso más fácil. Que hablar de los niños desnutridos sea, incluso, una prioridad razonable.
Pero también es cierto que hay una confusión que los mismos periodistas alimentamos y que ha contribuido a sobrevaluar el rol del periodismo de investigación o de denuncia, al punto de transformarlo en el único periodismo serio posible. Esa confusión reza que el periodismo equivale a alguna forma de la justicia cuando, en realidad, los periodistas no somos la justicia, ni la secretaría de bienestar social, ni la asociación de ayuda a la mujer golpeada, ni la cruz roja, ni la línea de asistencia al suicida. Contamos historias y si, como consecuencia, alguna vez ganan los buenos, salud y aleluya, pero no lo hacemos para eso, o sólo para eso.
Por otra parte, es probable que tanto a periodistas como editores nos dé un poco de vergüenza y culpa poner el foco en historias amables, precisamente porque nos sentimos más en deuda con los desnutridos, los marginados, etcétera, y porque, en el fondo, estamos convencidos de que, después de todo, aquellos son temas menores, aptos más bien para periodistas ñoños que escriben artículos repletos de moralejas o insoportables historias de superación humana.
Y, finalmente, a diferencia de las historias de niños muertos, asesinos seriales, mujeres violadas y padres enamorados de sus hijos, los temas amables casi no consiguen premios. Muchos concursos de periodismo escrito son el equivalente a los grandes premios fotográficos en los que la foto ganadora siempre es tomada en África o en el país bombardeado de turno, e involucra a un chico desnutrido, moscas, un perro flaco, la tierra resquebrajada y alguna señora aullando de dolor. Si en sus países de origen nadie da un peso por los niños con moscas en los ojos y las señoras que aúllan de dolor, es impresionante lo alto que cotizan en la bolsa de los premios.
Es probable, entonces, que la crónica latinoamericana no esté contando la realidad completa, sino siempre el mismo lado B: el costado que es tragedia. La negra desnuda de National Geographic”.


-¿Hay países más aburridos que otros?
-Si hay libros y novios y pin balls más aburridos que otros ¿cómo no va a haber países más aburridos? Y más violentos. Y más feos. Y más contaminados. Y casi siempre es el país de otro, nunca el de uno.

-¿Cuándo conociste al primer chileno/chilena de tu vida?
-Creo que fueron dos señores que cuidaban un hotel en medio de la cordillera que crucé con mi familia en 1983, a bordo de una Ford 250 y por el paso de San Francisco. El hotel era como The Shining pero con llamas y pastos amarillos y sin nieve. Nos prepararon un almuerzo y, como estábamos un poco asfixiados por la altura, nos dieron oxígeno. A mí lo del oxígeno me hizo sentir importante. Pero el primero que cuenta llegó muchos años después, en 2003, y fue Andrés Braithwaite, mi primer editor en Chile, que aceptó publicarme en la página de cultura de LUN, y que me enviaba unos mails con encargos que me hacían temblar de terror, entusiasmo y admiración, y que todavía me hacen.

-¿Cuál es tu halago profesional favorito?
-No uso. Hace poco un lector dejó un mensaje en una página de internet, al pie de un artículo que escribí. Decía que le había parecido “como pasearse por el Guggenheim de Wright, pero en palabras”. Me pareció un halago superior. Y debajo había diez tipos indignados que consideraban que ese mismo artículo era la cosa más aburrida que habían leído en su vida. ¿Debo creerle al señor que halaga o a los diez que desprecian? Hay que aprender a no necesitar. Sobre todo, a no necesitar la mirada de los otros.

-¿Cuáles son tus autores latinoamericanos favoritos y por qué?
-Mis escritores favoritos no son latinoamericanos, pero: Alfredo Bryce Echenique y Juan Rulfo. Bryce porque me deslumbró con la prosa de El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz, La vida exagerada de Martín Romaña, Un mundo para Julius, Antimemorias y Muerte de Sevilla en Madrid. Una prosa tierna, ácida, recorrida por una melancolía suave y un coraje disfrazado de derrota. Y Rulfo porque Pedro Páramo, y por la intuición de que no hubiera cometido jamás la decadencia.

-¿Y tus periodistas latinoamericanos favoritos ?
-Martín Caparrós.


-¿Por qué?
-Porque defendió el oficio de cronista desde siempre, desde mucho antes de este falso auge de la crónica; porque es serio con los datos, la investigación y el reporteo; porque no abandona una frase hasta no dejarla bruñida; porque sus crónicas son mecanismos de alta relojería; porque su prosa tiene una música inconfundible e inspirada.

-¿Tienes enmarcada la primera nota que te publicaron?
-¿Como los odontólogos y los dermatólogos que enmarcan sus certificados de asistencia a congresos que no le importan a nadie? No.

-Un inicio de nota que no soportas
-Cualquier cosa que empiece con una palabra terminada en mente –paralelamente, simultáneamente, tremendamente, increíblemente-; cualquier cosa que imite mal el comienzo de Crónica de una muerte anunciada; cualquier cosa que empiece en primera persona masturbatoria e innecesaria.

-Cuando alguien escribe mal ¿se lo dices?
-No. Pero no le digo que escribe bien.

-¿Cómo llegaste a Gatopardo?
-Uno no recuerda cómo llegó a esos sitios donde parece haber estado siempre, pero revisando mis mails veo que en 2002 envié una cantidad de propuestas a quien entonces era una de las editoras, y me encargó una nota. Un año más tarde, en DF, conocí a Rafael Molano. Desde entonces Rafael fue mi gran editor, y un amigo entrañable y generoso al que le debo demasiadas cosas.

-Cuando iniciaste la investigación de Los suicidas… ¿Tenías alguna hipótesis para tanta mortandad? (secta, mafia, trata de blancas, extraterrestres’)
-No. Ninguna. Sigo sin necesitarla.

-¿Lees algún medio chileno? ¿Crees que haya mucha diferencias nacionales en las formas de hacer periodismo escrito? (Argentina y México o Argentina y Chile)
Leía Fibra, leo Paula, leo El Mercurio, leo La Tercera, leo Las Últimas Noticias y a veces leo el Clinic. En cuanto a la segunda parte de tu pregunta, sí, no, y no lo sé. Sólo sé que en la Argentina los mejores periodistas tienen que publicar sus crónicas en revistas de otros países porque en el suyo casi todos los editores están convencidos de que los lectores no leen.

-¿Existe algo como un “lector latinoamericano” o son muy diversos los lectores?
-Si hay revistas de alcance continental es porque existe, al menos, la presunción de que semejante cosa tiene entidad real. Yo no estoy tan segura.

10 Comments:

Blogger cakecosasb said...

que entrevista más interesante.
Había leído una crítica del libro, pero no conocía a su autora.
Vengo de un salto desde un artículo de la zona, donde Arturo Galarce se introduce en una pandilla de ninños pistoleros de Santiago. El relato es conmovedor, y incluso fue publicado en la revista del Sábado. La respuesta, se encuentra llena de halagos (y también de odios encontrados). Me llamó profundamente la atención, pues en general, las opiniones a los artículos en general nunca resultan muy legibles ni de gran aporte, ni tampoco son muchos. Pero esta vez no. Existe una intención de análisis y me surgieron dudas muy similares respecto al periodismo. ¿Debe existir una intención salvadora detrás? ¿Debiese quedar solo en denuncia? ¿Por qué este tipo de artículos mueve mucho más que otros? ¿Debiese sino estar enfocado a predicadores de ejemplo? ¿Ejemplo v/s denuncia?
Y leo esto y me parece que lo explica de una forma espectacular, que no es sólo un fenómeno local sino transversal.
Gracias por esto.

12:21 AM  
Blogger SRM said...

A propósito de Leila y Gatopardo, quisiera comentar el artículo sobre Frida Kahlo que apareció el sábado en Cultura de La Tercera y que guarda muchas semejanzas con el que apareció en mayo en la revista Gatopardo ("Frida Kahlo: ¿Un producto a la venta?"), y que además usa las mismas fotografías. ¿Es copy and paste o plagio? Quizás ninguna de las dos, pero sí una práctica clásica de los medios culturales y que es pautearse con los medios de afuera, sea Babelia, Radar, Gatopardo, Letras Libres, o quién sea, y que nos muestra como novedoso algo que ya se publicó hace unas semanas, y de paso, nos repite las mismas imágenes.

9:49 AM  
Blogger Teresita said...

Gracias. Me encantó la entrevista.

Estoy de acuerdo con Leila respecto a Caparrós. No hay nada más rico que leer crónicas perfectas que tienen hasta la métrica cuidada.

No me la hubiera imaginado como la vi en las fotos. La gente con la media champa siempre es top: Sonia Braga, Slash, Leila, yo...

6:39 PM  
Blogger Pablo said...

Leila: Sos divina. Piensas bien y escribes mejor. Y contestas las entrevistas como si estuvieras preparando un mate en tu casa, llena de sentido común y, sobre todo, sin el menor asomo de vanidad. Y vivan las historias tenues, en ellas vive la buena literatura.

6:55 PM  
Blogger Mauricio said...

Muy interesante la entrevista. Dónde podré encontrar el blog de Leila?

4:26 PM  
Blogger Ivana said...

Debe ser de las entrevistas más fomes que he leído. En la introducción, se anuncia a una mujer de grandes talentos, capacidades y finezas intelectuales. Pero en la nota no se ve nada de ello. Claro, las preguntas tampoco ayudan. Tu escritor favorito; tu periodista favorito; periodista universitario o callejero; qué diarios lees. ¡Por favor! Faltó tu color favorito y qué signo eres. Una lástima, porque por lo que he sabido, efectivamente ella es tremenda. Me sumo a Mauricio y pregunto por la dirección del blog de Leila. De verdad me encantaría conocerla. De verdad.
ivana

7:51 PM  
Blogger GuanacoEH said...

Soy de los que ha tenido el placer de conocer y de admirar a Leila, y soy también de los que cree que, al margen de la calidad de las preguntas, sus respuestas son tan sabrosas que hacen entrevista de esta una agradable lectura.

Roberto
www.robertogasteiz.blogspot.com

10:43 AM  
Blogger Matías said...

Leila Guerriero es una periodista extraordinaria, que sabe hacer hablar a los detalles para explicar un cúmulo de cosas superlativas semánticamente, que generalmente pasan desapercibidas para el común de los colegas. Tuve la suerte de conocerla y mi admiración creció por su valor humano y por una simpleza que la engrandece. La entrevista es muy buena. Los felicito por el post y por el sitio, saludos desde Argentina.

10:30 PM  
Blogger Roberto said...

Las respuestas son admirables. Siempre he creído que la sencillez lo es todo, y las respuestas a este reportaje lo confirman. Son respuestas llenas de luz, de magia, como unas "Puertitas del Sr. López" hacia la realidad.
Roberto

5:12 AM  
Blogger Martin said...

EN LO PERSONAL PARA LEILA GUERRIERO:
HACE UNOS AÑOS QUE NO ESTOY EN ARGENTINA , ME ENTERE DE ESTE LIBRO "LOS SUICIDAS DEL FIN DEL MUNDO", QUISE LEERLO Y EN UNO DE LOS VIAJES LO COMPRE,LA VERDAD LEILA QUERIA TU DEDICATORIA Y PODER TENERLO EN MI BIBLIOTECA EN UN LUGAR ESPECIAL. HOY DESPUES DE LEERLO,O DEVORARLO POR SU DEBASTADORA HISTORIA Y UN RELATO QUE TE ATRAE PAGINA POR PAGINA.RECORDANDO VIEJOS TIEMPOS QUIERO QUE SEPAS QUE SIEMPRE TE RECUERDO, TU AMIGO MARTIN CORNAGO
mcornago66@hotmail.com

8:56 PM  

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