

No hay ningún personaje de ficción que en estos días de caos financiero haya sido más mencionado que Gordon Gekko, el miserable ese interpretado por Michael Douglas en la película Wall Street. Su foto ha salido en cientos de artículos, su frase "la ambición es buena, la ambición mueve al mundo" es replicada en los diarios y revistas, en Hollywood, siempre oportunistas, planean la segunda parte de la película y en Chile, para no ser menos, Andrés Benítez entrevistó al personaje de ficción.
El problema es que Gekko es algo ochentero y no ilustra bien a los actuales "masters of the universe" como los llamó Tom Wolfe en la Hoguera de las vanidades. Wall Street es de 1987 y es un fiel reflejo de los excesos de esa época y no de los de comienzos del siglo XXI. Al menos así lo han recalcado en varios artículos. Porque los amos del universo de estos tiempos, no trabajan en los bancos de inversiones, ni viven en Nueva York. De acuerdo a Tom Wolfe se ganan sus fortunas en pequeñas firmas de inversión privadas y viven en unas gigantescas casas en Round Hill Road en Greenwich, Connecticut. Si bien comparten algunos atributos, como ser enormemente ricos y buenos para asumir riesgos con la plata de los demás, los de estos tiempos, no son iguales ni los mismos.
Eso lo saben los periodistas y columnistas especializados en finanzas y si han acudido a la imagen del personaje de Wall Street es porque no hay un personaje mejor, no hay ninguno que simbolize al capitalista de estos tiempos. "Las vidas de los ricos y poderosos siempre han fascinado a los escritores. Pero ninguno ha relatado bien los excesos del siglo XXI", dice William Skidelsky, editor de libros del Observer, mientras que Pankaj Mishra se queja de lo mismo en el suplemento de literatura del Guardian.
Shakespeare, Balzac, Flaubert, Anthony Trollope, Upton Sinclair, Martin Amis, o Wolfe, en distintas épocas son algunos de los autores que tomaron el tema del exceso financiero y la acumulación y consiguieron retratarlo con éxito, pero en el último tiempo son pocos los que han logrado un buen acercamiento al tema. De acuerdo a Pankaj Mishra aunque hay algunas novelas que incluyen a personajes de Wall Street, rara vez se los ve trabajando sino que en sus mansiones en la Quinta Avenida.
"Esta ausencia no se limita a las novelas", dice Skidelsky: "La televisión nos ha mostrado cómo operan distintas profesiones, desde abogados y médicos hasta profesores y políticos, pero no hay un This Life de banqueros, ni un ER del mundo financiero" y agrega que no le parece convincente la explicación que dice que la banca y las finanzas son hoy demasiado complejas y oscuras para recrearlas sino que tiene que ver con que los escritores británicos tienen una aversión de larga data a escribir sobre los negocios. Dado el interés que generan los ricos en el público general, esto es revelador de su falta de sentido comercial, que no afecta de igual modo a sus "colegas" estadounidenses, menos pudorosos para hablar (escribir en este caso) de plata.
"Esta ausencia no se limita a las novelas", dice Skidelsky: "La televisión nos ha mostrado cómo operan distintas profesiones, desde abogados y médicos hasta profesores y políticos, pero no hay un This Life de banqueros, ni un ER del mundo financiero" y agrega que no le parece convincente la explicación que dice que la banca y las finanzas son hoy demasiado complejas y oscuras para recrearlas sino que tiene que ver con que los escritores británicos tienen una aversión de larga data a escribir sobre los negocios. Dado el interés que generan los ricos en el público general, esto es revelador de su falta de sentido comercial, que no afecta de igual modo a sus "colegas" estadounidenses, menos pudorosos para hablar (escribir en este caso) de plata.
Por eso, según él, es entendible que el libro que con mayor certeza profetizó la actual crisis sea de un norteamericano: Cosmopolis de Don DeLillo.
"Estos son temas tremendos para un novelista -piensen en lo que un Kafka, o incluso un Dickens, hubieran hecho con ellos- y ciertamente merecen más salida literaria", y haciendo honor al humor negro que se les atribuye a los habitantes de esta isla, el editor del Observer cierra con un: "Tal vez uno de los muchos banqueros que ahora tiene tiempo se las arregle para hacerles justicia".
"Estos son temas tremendos para un novelista -piensen en lo que un Kafka, o incluso un Dickens, hubieran hecho con ellos- y ciertamente merecen más salida literaria", y haciendo honor al humor negro que se les atribuye a los habitantes de esta isla, el editor del Observer cierra con un: "Tal vez uno de los muchos banqueros que ahora tiene tiempo se las arregle para hacerles justicia".