
“Probablemente nadie dice nada porque ese sí que es un premio que da lo mismo. Yo no podría nombrar un solo ganador a excepción de la Zerán, porque la acabo de ver en los diarios”, dice Villalobos, en los comentarios del post que está más abajo y probablemente tenga razón. Pero aún cuando el reconocimiento no sea valorado (aunque sí codiciado por los 14 millones y la pensión vitalicia de alrededor de 600 mil que entrega) tiene su simbolismo y da señales por lo que es mejor ponerlo en la mesa.
A juzgar por los candidatos, el ánimo en esta oportunidad era reconocer la lucha contra la dictadura y a los periodistas de los medios alternativos, chicos, no duopólicos o como se llamen. Entre los nominados 2007 estaban la autora de El Saqueo, María Olivia Monckberg, el editor político de Ercilla, Germán Gamonal, y Alberto “Gato” Gamboa, quien solo por su titular “Corrió solo pero llegó segundo” del 6 de octubre de 1988 merecía ganarlo. También competía la ex directora del diario Siete y autora de libros como La Conjura, Mónica González, pero al final el premio se lo quedó Faride Zerán, persona muy respetable pero con un discurso medio trasnochado. Por eso, aunque ella declaró en La Nación que el premio es un reconocimiento a su trayectoria y que “eso es una buena señal para las nuevas generaciones”, es como para pensar lo contrario.
Zerán es conocida, entre otras cosas, porque entre los años 2000 y 2004 integró el directorio más conflictivo que ha tenido TVN, un grupo que era tan incompatible que parece haber sido diseñado para que terminara con alguien muerto. Peleadora y muchas veces con buenos motivos, la periodista fue incapaz de imponer sus ideas o negociar con sus compañeros y se transformó en una permanente fuente de problemas que alteraron al canal. Tal como cuenta Qué Pasa, durante esa época “las noticias más sabrosas de TVN no venían del Departamento de Prensa ni de los estelares, sino de los constantes conflictos entre Faride Zerán, Nissim Sharim, Teodoro Ribera, Bernardo Matte, Luis Cordero y Francisco Frei”, situación que terminó con la renuncia anticipada de Zerán y otros tres consejeros y con el presidente Lagos requete aliaviado con su salida.
Además, desde el año 97 la periodista es autoridad en la Universidad de Chile. Fue directora de la Escuela de Periodismo y actualmente del Instituto de la Comunicación e Imagen del cual depende la carrera. Según cuentan ex alumnos cuando asumió, Periodismo era una carrera casi ignorada en la institución e incluso los rumores eran que la iban a cerrar, pero Zerán logró independizarla de la Facultad de Ciencias Sociales, consiguió hasta edificio nuevo, sacó a los estudiantes de las lúgubres instalaciones en que tenían clases (creo que un ex cuartel de la DINA) y le subió el pelo a la carrera.
Pero si bien la periodista ha hecho varias cosas en su vida, su trayectoria está ligada principalmente al periodismo cultural en medios como Análisis, El Show de los Libros de TVN, La Época o la revista Pluma y Pincel que ayudó a fundar a fines de los 80. Zerán representa un periodismo cultural muy paternalista y poco inclusivo, que enjuicia y acusa de vulgar todo lo que no es de su interés. Todo con tono bien quejumbroso y sin ninguna intención de hacer concesiones para tener más público porque eso significa venderse al mercado.
Rocinante, la revista que Zerán fundó y dirigió, era la mejor expresión de eso. Funcionó siete años y cerró en 2005 no producto de un boicot de los avisadores, del duopolio o del gobierno sino que simplemente porque era aburrida, tenía pocos lectores y por ende una crisis de financiamiento. Sin embargo, el cierre de ese y otros medios dejó una herida que solo agudizó las quejas y por supuesto la demanda de que el Estado intervenga el sistema de medios y garantize por el ley el pluralismo.
"Soy parte de esa generación independiente que trabajó en los medios que ya no existen. Creo que aquí hay un tema de políticas públicas, es una deuda de la Concertación en relación a estimular efectivamente el surgimiento de medios independientes, que den cuenta de la riqueza y de la pluralidad de la sociedad chilena", dijo Zerán al saber que había recibido el premio. Con ello demostró que aún confía que los problemas periodísticos pueden o deben ser resueltos por el mundo político, que es finalmente la contraparte de esta profesión y que casi siempre da miedo cuando se mete a legislar en asuntos ligados con el periodismo (¿No andaban proponiendo una ley Bolocco?)
En los comentarios del post de más abajo, alguien insinúa que Zerán ganó porque es académica de la Chile y esa universidad está muy representada en el jurado del premio. Es probable que su elección tenga mucho más que ver con que el Nacional es y siempre será un asunto político y con el afán de premiar al que cae y sufre. Faride Zerán ha estado en varios de los medios que -por buenos y respetables que hayan sido- no pudieron adecuarse a sus contextos: Análisis, La Época, Pluma y Pincel o Rocinante. La única vez que participó en un medio masivo -TVN- tuvo que renunciar antes de tiempo en medio de una crisis. Obviamente todo eso amerita un premio que reconozca consecuencia intelectual. El problema es que a veces de tan consecuente parece intransigente.